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Tema: "Cómo aprender del pasado", por LoneWolf (Leído 1675 veces)
LoneWolf
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Tema iniciado: 02-Feb-2019, 02:51




Cómo aprender del pasado

Por LoneWolf


—Sr. Lobo, ¿por qué Ud. vive recordando permanentemente el pasado? Dicen que tiene una memoria capaz de reconstruir conversaciones que mantuvo hace décadas, palabra por palabra, y que en sus épocas de estudiante de ingeniería le decían «Funes», por el personaje de Borges. ¿Es cierto que Ud. recuerda el pasado a cada rato y con tanta precisión? ¿De qué le sirve hacer tal cosa?

—El pasado es una biblioteca enorme de conocimientos que son consultados asiduamente solo por aquellos que piensan mediante la razón y la sensatez en forma crítica y objetiva, dejando de lado las sensiblerías irrelevantes, los sentimentalismos estériles y los subjetivismos baladíes. El pasado nos enseña por qué nos encontramos donde estamos parados, y cuando uno sabe dónde está parado, puede decidir mejor hacia dónde debe ir.

—No me hable en difícil, Sr. Lobo. Explíquemelo con títeres.

—Todos tenemos un pasado repleto de experiencias buenas y malas. Las buenas son momentos de felicidad por los cuales vale la pena vivir; las malas son signos de advertencia que deben ser tenidos en cuenta al tomar decisiones para el futuro. Las buenas experiencias se disfrutan; las malas se padecen o se utilizan como base para el constante aprendizaje en ser cada vez mejor persona. Pero depende de la capacidad de cada uno a la hora de recordar esas malas experiencias para padecerlas o para aprender de ellas.

—¿Y en qué consiste esa capacidad?

En saber pensar tal como dije, mediante la razón y la sensatez en forma crítica y objetiva.

—¿Cómo se logra eso?

Ud. siempre tendrá la razón cuando sus acciones en el pasado se hayan basado en argumentos válidos y bien fundamentados, es decir, que estén compuestos por premisas y silogismos que respeten la lógica, los datos de la realidad y el sentido común. Y Ud. no tendrá la razón cuando dichas acciones tengan aunque sea un solo argumento inválido. La suma de estos conceptos hacen a la sensatez. Pensar en forma crítica implica asumir las propias falencias aunque no nos guste, con lo cual se estarán deduciendo conclusiones en forma objetiva (en base a los hechos) y no en forma subjetiva (en base a los sentimientos o tendencias personales).

Una vez que se tiene claro lo anterior, hay que recordar que las malas experiencias del pasado consisten invariablemente en la combinación de errores propios y ajenos. Entonces, bajo estas premisas, Ud. podrá «dar vuelta la página» de esas malas experiencias de la siguiente manera:

a) Recordar el pasado con exactitud, ajustándose a los hechos tal como ocurrieron, sin tergiversaciones tendenciosas ni manipulaciones arbitrarias.

b) Reconocer los propios errores en ese lapso del pasado, haciendo autocrítica y pensando en forma objetiva, dejando el ego y la soberbia de lado para dar paso a la razón y la sensatez, con lo cual se estará aprendiendo de esos errores.

c) Si esa mala experiencia del pasado tuvo una contraparte (una relación de pareja rota, un socio inescrupuloso que lo estafó en un negocio, un familiar que no le quiso devolver un favor, etc.), se debe intentar que esa persona tenga la buena voluntad de cumplir los dos puntos anteriores, cosa que hará –o no– dependiendo de la capacidad que posea y cuya definición ya he mencionado. Este es, por lejos, el paso más difícil al «dar vuelta la página».

—¿Por qué?

Porque a nadie le gusta que le señalen sus errores o le digan las cosas que hizo mal, y mucho menos aceptarlo. Esto depende de la integridad como persona y del nivel de inteligencia que tenga la contraparte.

—¿Y qué pasa si esa contraparte no reconoce sus errores a la hora de dar vuelta la página?

El «dar vuelta la página» es un proceso que jamás estará completo si la contraparte no cumple también con los puntos a) y b). Decir que uno cumplió con esos puntos y la contraparte no, pero que igual no importa porque uno dio vuelta la página de todos modos, equivale a dar vuelta la página a medias, dejando la hoja suspendida verticalmente en el aire. Siendo así, no se puede leer el epílogo de ninguna experiencia si no se da vuelta la página en forma completa.

—Pero Sr. Lobo, Ud. dijo que a nadie le gusta reconocer sus errores y justamente es eso lo que Ud. pretende. ¿No teme que lo tachen de insoportable o algo así?

No me importa lo que otros digan de mí, pero sí me importa que no se ensucie mi persona gratuitamente. En ese sentido, cuando le he pedido a alguien que cumpla con los puntos a) y b), esa persona suele confundir el «analizar el pasado para aprender de él», con «ser tóxico» o cosa similar.

—¿Entonces no sería mejor NO dar vuelta la página, Sr. Lobo? ¿No es más conveniente dejar el pasado como está y seguir adelante así nomás? Porque alguien dijo por ahí que el pasado no se cuestiona, se recuerda.

El pasado no solo se debe recordar, sino que siempre se deben cuestionar los hechos que fueron parte ese pasado hasta que no quede ninguno sin analizar, ya que eso nos permite aprender de los errores cometidos para evitarlos en lo sucesivo y ser mejores personas en el futuro.

Le doy un ejemplo aplicado en la vida real: Cuando un avión de pasajeros se estrella, empresas y autoridades aeronáuticas investigan hasta el mínimo detalle de las causas que provocaron el desastre, para así determinar dónde estuvieron los errores y no repetirlos. Bueno, con la propia vida se debe hacer lo mismo. Decir que el pasado no se cuestiona equivale a afirmar estólidamente que no se quiere aprender de él. Cuando alguien hace eso es porque no quiere reconocer sus propios errores.

—¿Y qué pasa con esas personas, Sr. Lobo?

La razón dice que no vale la pena reencontrarse con aquellas personas que no están dispuestas a recordar su pasado y aprender de él, porque tarde o temprano volverán a cometer los mismos errores. Cuando es así, es mejor extrañar ese reencuentro que llevarlo a la realidad. Esta conclusión tiene toda la lógica y la sensatez del mundo, como quien dice que dos más dos es cuatro, o que el agua moja, o que el sol alumbra.

—Sr. Lobo, creo que su forma de pensar tan analítica y calculadora es el principal motivo por el que Ud. se hace odiar tan fácilmente…

—Estoy acostumbrado a eso, sépalo.
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